La Quintrala y el marqués de Valdeflores, dos figuras surgidas de un mismo tronco familiar y separadas por tres siglos de historia.
De la leyenda barroca a la erudición ilustrada: dos rostros de una misma herencia familiar
La historia ha conservado los nombres de Catalina de los Ríos y Lísperguer, la célebre Quintrala, y del marqués de Valdeflores, uno de los grandes eruditos españoles del siglo XVIII.
Sin embargo, pocas personas saben que ambos personajes compartían un mismo origen familiar y que la relación entre las dos ramas del linaje fue reconstruida oficialmente por el rey de armas Juan Alfonso de Guerra y Sandoval.
A través de esta historia es posible recorrer tres continentes, varios siglos y dos formas muy distintas de alcanzar la inmortalidad: la leyenda y la memoria.
Dos continentes, dos siglos y un mismo origen
La historia de los Lísperguer-Wittemberg constituye uno de los episodios más singulares del mundo hispánico.
Originario del Sacro Imperio Romano Germánico, este linaje extendió sus ramas por España y América, dejando una profunda huella a ambos lados del Atlántico.
En Chile, la figura de la Quintrala acabó transformándose en uno de los grandes mitos de la época colonial.
En España, el marqués de Valdeflores se convirtió en una de las figuras más destacadas de la Ilustración.
Aunque ambos personajes estuvieron separados por siglos y por miles de kilómetros, compartían un mismo origen familiar.
El hombre que reunió de nuevo las dos ramas del linaje
En la España de los siglos XVII y XVIII, la genealogía y la heráldica constituían instrumentos de poder, legitimidad y prestigio social.
En aquel contexto destacó la figura de Juan Alfonso de Guerra y Sandoval, rey de armas y cronista oficial de Felipe V.
Gracias a sus investigaciones, fue posible reconstruir la historia de los Lísperguer y de los Wittemberg, reuniendo nuevamente dos ramas que el tiempo y la distancia habían separado.
Las certificaciones expedidas por Sandoval, conservadas hoy en la Biblioteca Nacional de España, constituyen algunos de los testimonios más valiosos para comprender la trayectoria de esta extraordinaria familia.
La hispanización de un linaje germánico
La historia de esta familia encierra una singular paradoja.
Las dos ramas principales del linaje surgieron de un mismo tronco familiar y ambas experimentaron un profundo proceso de hispanización.
Por una parte, Pedro Lísperguer, protegido por el emperador Carlos V, se trasladó a América, donde su descendencia se integró en la aristocracia criolla mediante alianzas matrimoniales, encomiendas, propiedades rurales y cargos administrativos.
Por otra, los Wittemberg establecidos en España se incorporaron a la nobleza peninsular, se enlazaron con importantes familias andaluzas y participaron activamente en la vida política, económica y cultural de la monarquía.
Con el paso del tiempo, ambas ramas acabaron siendo profundamente hispánicas, aunque sin perder por completo el recuerdo de sus remotos orígenes germánicos.
¿Por qué los Lísperguer triunfaron en América mientras los Wittemberg cayeron en el olvido?
Esta cuestión constituye, probablemente, una de las claves para comprender la historia del linaje.
Los Lísperguer participaron en la conquista y en la organización de los territorios americanos, intervinieron en la formación de las élites criollas y protagonizaron algunos de los episodios más destacados de la historia colonial.
La figura de la Quintrala acabó convirtiéndose en un poderoso símbolo cultural y consolidó definitivamente la fama de la familia.
Los Wittemberg, por el contrario, siguieron un camino muy diferente. Integrados plenamente en la sociedad española, se vincularon a algunas de las familias más influyentes del reino y emparentaron con importantes linajes nobiliarios.
De estas uniones surgieron títulos como el marquesado de Isla Hermosa, el marquesado de Valdeflores, el marquesado de Velázquez de Velasco, el vizcondado de Sierra Blanca y el condado de Villa Amena de Cozvíjar, además de diversos vínculos con la alta nobleza y con la propia grandeza de España.
Sin embargo, aquella posición privilegiada no bastó para preservar la memoria del linaje.
La explicación es, probablemente, mucho más sencilla de lo que parece.
Los Wittemberg no participaron en conquistas, no fundaron ciudades, no encabezaron rebeliones y no dieron origen a grandes leyendas populares. En otras palabras, no desarrollaron un destino heroico.
Sus vidas transcurrieron entre la administración de sus propiedades, las actividades comerciales, las alianzas matrimoniales y el servicio a la Corona.
Mientras los Lísperguer se transformaron en un relato, los Wittemberg acabaron convirtiéndose en un archivo.
La historia americana necesitaba héroes, aventureros, conquistadores y villanos. La España moderna, por el contrario, estaba poblada por innumerables familias nobiliarias cuyas trayectorias acababan confundiéndose con el propio devenir de la monarquía.
Por ello, la memoria de los Lísperguer se transmitió a través de crónicas, testimonios y leyendas, mientras que la de los Wittemberg quedó dispersa entre protocolos notariales, expedientes de hidalguía, testamentos y certificaciones nobiliarias.
El marqués de Valdeflores constituyó la gran excepción.
La Quintrala: el mito americano
Catalina de los Ríos y Lísperguer (1604-1665) constituye una de las figuras más fascinantes y controvertidas de la historia de Chile.
Su nombre quedó asociado a innumerables relatos de violencia, crueldad, soberbia y transgresión. Con el paso del tiempo, la memoria popular acabó transformando a la poderosa encomendera en un personaje situado a medio camino entre la historia y la leyenda.
Historiadores, dramaturgos, poetas, sociólogos y novelistas han tratado de descifrar el misterio de una mujer que terminó convirtiéndose en uno de los grandes arquetipos de la cultura chilena.
Su figura ha sido comparada con algunos de los grandes personajes de la tradición occidental, desde Lady Macbeth hasta Medea, pasando por la Medusa de la mitología clásica.
Más allá de la realidad histórica, la Quintrala terminó convirtiéndose en un poderoso símbolo del barroco hispanoamericano y en una de las manifestaciones más intensas del imaginario colonial chileno.
Con el transcurso del tiempo, el personaje histórico acabó cediendo su lugar al mito.
Valdeflores: el mito ilustrado
En el otro extremo del Atlántico, otro descendiente del mismo linaje alcanzó la celebridad por motivos completamente distintos.
Luis José Velázquez de Velasco y Cruzado (1722-1772), marqués de Valdeflores, fue uno de los más destacados eruditos españoles del siglo XVIII.
Miembro de la Real Academia de la Historia, dedicó su vida al estudio de la literatura, de la historia y de las antigüedades hispánicas.
Sus investigaciones alcanzaron una considerable repercusión internacional y sus expediciones arqueológicas contribuyeron decisivamente al desarrollo de los estudios históricos en España.
Mientras la Quintrala encarnaba la fuerza de la leyenda, Valdeflores representaba el triunfo de la razón, del humanismo y de la erudición ilustrada.
Paradójicamente, fue precisamente su dedicación al conocimiento la que le permitió escapar del olvido que envolvió a la mayor parte de la rama española de la familia.
Así, el marqués acabó convirtiéndose en el principal representante de la memoria de los Wittemberg en España.
Dos mitos y un mismo legado
A primera vista, ambos personajes parecen representar mundos completamente opuestos.
La Quintrala personifica la pasión, la violencia, la transgresión y el imaginario barroco de la América colonial.
El marqués de Valdeflores, por el contrario, simboliza el humanismo, la curiosidad intelectual y el espíritu de la Ilustración.
Sin embargo, ambos personajes comparten una característica fundamental: los dos lograron trascender su tiempo y convertirse en símbolos de su época.
La primera alcanzó la inmortalidad a través de la leyenda. El segundo la alcanzó mediante la erudición.
La una acabó encarnando el misterio, el exceso y la fascinación por lo extraordinario. El otro personificó la confianza en la razón, la investigación histórica y el poder del conocimiento.
Tal vez esa sea la mayor singularidad del linaje Lísperguer-Wittemberg: su extraordinaria capacidad para adaptarse a mundos distintos sin perder la conciencia de un origen común.
Un linaje entre Alemania, España y América
La historia de los Lísperguer-Wittemberg no pertenece exclusivamente a Chile ni a España.
Se trata, en realidad, de una historia europea, americana y atlántica; una historia de migraciones, viajes, alianzas familiares, ascensos sociales y transformaciones culturales.
Y quizá sea precisamente ahí donde reside su mayor atractivo.
Un mismo tronco familiar, nacido a orillas del Rin, acabó dando origen a dos figuras inmortales: la Quintrala, convertida en uno de los grandes mitos de la historia chilena, y el marqués de Valdeflores, una de las figuras más destacadas de la Ilustración española.
Entre ambos se alzan tres siglos de historia, un océano y dos formas completamente distintas de vencer al olvido.
La una lo consiguió gracias a la leyenda; el otro, gracias a la memoria.
Conclusión
La historia de la familia Lísperguer-Wittemberg demuestra que la posteridad no depende únicamente del poder, de la riqueza o de la nobleza.
Los Wittemberg acumularon títulos, honores y alianzas con algunas de las familias más influyentes de España. Incluso llegaron a emparentar con la propia grandeza de España.
Sin embargo, la ausencia de un destino heroico hizo que gran parte de su memoria quedara confinada en los archivos.
Los Lísperguer, por el contrario, quedaron vinculados a la conquista, al poder, a la violencia y a la leyenda.
De este modo, mientras unos se transformaron en personajes históricos, otros acabaron convirtiéndose en símbolos.
Y quizá sea precisamente esa paradoja la que explica el extraordinario atractivo que la historia de este linaje sigue ejerciendo varios siglos después.
Más información en la obra, Los Lísperguer Wittemberg: una familia alemana en el corazón de la cultura chilena

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