vivió durante una década antes de partir a Inglaterra
Un periodo casi olvidado en la vida de un conquistador
Pedro Lísperguer es recordado como uno de los conquistadores más influyentes de la historia colonial chilena. Sin embargo, pocos conocen la década que pasó en España antes de partir al Nuevo Mundo, una etapa cargada de aprendizaje, alianzas y experiencias que definirían su futuro en América. Nuevas investigaciones revelan que, entre 1545 y 1555, este joven alemán absorbió no solo el poder de las redes imperiales, sino también el espíritu humanista del Renacimiento español, un legado que lo acompañaría hasta Chile.
De Worms a la península ibérica: un viaje decisivo
Nacido en Worms alrededor de 1530, Pedro Lísperguer llegó a España tras haber acompañado al emperador Carlos V y al conde de Feria por el sur de Alemania y los Países Bajos. En ese viaje conoció la complejidad política del Sacro Imperio, las tensiones religiosas con el protestantismo y los engranajes de la diplomacia imperial. Este temprano contacto con la corte del emperador le abrió las puertas de Andalucía, el corazón del poder español y punto de partida de las expediciones a América.
Diez años en la Casa de Feria: más que formación militar
Entre 1545 y 1555, Pedro vivió bajo la protección de la influyente Casa de Feria, en Montilla y Zafra. Allí aprendió las artes de la guerra, la diplomacia y la etiqueta cortesana. Pero su paso por España fue mucho más que un entrenamiento militar: fue un encuentro con la cultura renacentista.
En las bibliotecas y tertulias de la nobleza, Lísperguer leyó y escuchó los versos de:
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Jorge Manrique, con sus reflexiones sobre la gloria y la fugacidad del poder.
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El Marqués de Santillana, introductor del humanismo italiano en la poesía castellana.
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Garcilaso de la Vega, modelo del caballero ideal, hábil con la espada y la pluma.
Este contacto lo formó en retórica, filosofía, historia y letras clásicas, algo poco común entre los conquistadores que partirían a América. En España, Pedro no solo adquirió licencias para viajar al Nuevo Mundo; adquirió capital intelectual y simbólico, esencial para cimentar su futuro prestigio.
Redes de poder y licencias imperiales
La década española fue también el momento en que Lísperguer construyó una red de influencias políticas clave para su viaje a América:
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Estableció lazos con el conde de Feria y otros grandes de España, quienes avalaron su nobleza germana.
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Participó en la comitiva de Felipe II rumbo a Inglaterra, donde observó de cerca la diplomacia de alto nivel en la Europa del siglo XVI.
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Logró una licencia excepcional de Carlos V, que le permitió viajar a las Indias “no obstante ser alemán y cualquier disposición en contrario”, algo reservado solo a hombres de confianza imperial.
Sin esos diez años en España, difícilmente habría obtenido el permiso ni los contactos necesarios para emprender la expedición que marcaría la historia chilena.
El paso de un joven alemán a un conquistador con aura nobiliaria
Cuando partió hacia el Nuevo Mundo en 1555, Pedro Lísperguer no era un simple aventurero germano. Era un joven noble, formado en la cultura humanista española, con redes cortesanas y el respaldo del emperador y su hijo.
Esa década en España lo transformó en un hombre preparado para navegar los complejos escenarios del poder colonial:
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Con la autoridad de un conquistador legitimado por la Corona.
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Con el prestigio de un linaje noble y culto, reforzado por la tradición oral y heráldica.
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Con una visión política y cultural que combinaba guerra, diplomacia y letras.
Conclusión: el eslabón perdido de la historia Lísperguer
Los diez años que Pedro Lísperguer pasó en España fueron el eslabón que conectó su origen alemán con su destino en Chile. Allí aprendió las claves del poder imperial, se formó en el humanismo renacentista y obtuvo el aval necesario para convertirse en uno de los conquistadores más influyentes de Hispanoamérica.
Conocer esta etapa es comprender que la historia de los Lísperguer no comenzó en América, sino en los salones andaluces, las bibliotecas renacentistas y las redes políticas de un imperio donde la pluma, la palabra y la espada eran herramientas inseparables para forjar un nombre que aún hoy despierta fascinación y mito.
Más información en mi libro El conquistador alemán Pedro Lísperguer Wittemberg: de cortesano de Carlos V y Felipe II a célebre precursor de Chile.
